Durante la última semana de febrero, una potente tormenta invernal comenzó a impactar el noreste de Estados Unidos, desde Maryland hasta Massachusetts.
En la Ciudad de Nueva York, el domingo 22 de febrero, alguien olvidó sus lentes en un buzón del servicio de correos y la nieve comenzó a cubrirlos, poco a poco. Como si de una escarchita se tratara.
Pero, no era inofensiva. Con información del Servicio Meteorológico Nacional, tanto el alcalde Zohran Mamdani, como la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, alertaron a las 14 millones de personas que residen en el estado.
Entrada la tarde del domingo, todavía había quien se atrevía a correr su bicicleta y realizar entregas, entre la Avenida Primera y la calle 20, en Manhattan, uno de los 5 condados de la ciudad de Nueva York.
¿Quién creería que en cuestión de unas horas todo el panorama se pintaría de blanco? A juzgar por la caída de nieve, que parecía ‘poca’, hubo quienes dudaron de los pronósticos.
Distinto fue el amanecer del lunes, 23 de febrero, después de una madrugada en la cual la Ciudad de Nueva York recibió más de 1 pie de nieve (30 centímetros) y no paraba de nevar, aunque las ráfagas eran menos intensas.
El Servicio Meteorológico Nacional estimó que, para la noche del lunes 23 de febrero, en la Ciudad de Nueva York habrían caído entre 17 y 24 pulgadas de nieve (entre 43 y 61 centímetros).
Para los trabajadores que limpian la nieve, mantener libres de peligro las icónicas escaleras rojas de Times Square se convirtió en un reto, desde bien temprano. Aunque se le pidió a las personas que no salieran a menos de que fuera una emergencia, siempre hubo quienes aún bajo la nevada salieron a exponerse.




